Mary Beth Tinning: la coleccionista de cajas.

Vamos a ver el caso de Marybeth Roe Tinning, un caso que no deja indiferente a nadie.

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Su infancia y juventud.

Marybeth nació en Duanesburg, Nueva York un 11 de septiembre de 1942 era la hija de Alton Roe un analista de sistemas para General Electrics y su madre, Beth era una ama de casa.

Era la mayor de dos hermanos, y debido a que la empresa en la que trabajaba su padre estaba bastante lejos de donde residían, éste pasaba largas temporadas lejos del hogar. El padre fue un hombre muy autoritario el cual sometía a continuos abusos físicos y psicológicos a su hija. Jamás demostró cariño hacia ella algo que obviamente afectó muchísimo a Marybeth en cuanto al carácter y comportamiento.

Marybeth se cuenta era una chica muy introvertida posiblemente debido a la frialdad con la que era tratada en su casa y a pesar de que era una buena alumna y que intentaba trabar amistades nunca lo lograba, quizás debido a ese carácter retraído que tenía era objetivo de las continuas burlas de parte de sus compañeros de estudios, lo cual todo ello la acabó convirtiendo en una chica solitaria e infeliz que ansiaba encontrar el amor y la atención que nunca había recibido.

Terminó dejando el instituto, trabajó y ahorró lo suficiente para costearse los estudios y llegó a conseguir el título como auxiliar de enfermería. Comenzó a trabajar como enfermera en el Hospital Ellis en el condado de Nueva York, un trabajo que la satisfacía enormemente ya que disfrutaba pudiendo prestar su ayuda a los demás. Fue por aquel entonces en 1963 cuando la solitaria y triste jovencita conoció al que sería el amor de su vida: Joseph Tinning con el que pareció encontrar toda esa felicidad que tanto ansiaba.

Matrimonio y desgracia.

La pareja se casó dos años después en 1965 y fruto de este matrimonio al año siguiente nació la primera hija de la pareja, Bárbara y en 1970 vino al mundo su segundo hijo, Joseph Jr.

Todo iba perfectamente en la vida de Marybeth tenía un esposo, unos hijos a los que amaba y colmaban de felicidad. Al año de nacer Joseph Jr. en 1971 nació su tercera hija Jennifer, pero la alegría de este nacimiento duró muy poco pues la pequeña nació con múltiples complicaciones de salud, entre ellas una meningitis hemorrágica y múltiples abscesos cerebrales. Por recomendación de los médicos ni siquiera la pudieron llevar a su casa. Murió en el mismo hospital dos meses después de haber nacido.

Por supuesto el dolor por esta pérdida tanto para Joseph como para Marybeth fue enorme y antes del funeral Marybeth empezó un peculiar ritual que repetiría muchas veces en el futuro: lavó y planchó toda la ropa del bebé después la metió dentro de una casa de cartón junto a los juguetes que había comprado y que Jennifer nunca había llegado a usar. La guardó en un urna junto las muestras de afecto y dolor que recibió por parte de familiares y amigos.

Segunda desgracia.

La familia no se había repuesto al dolor que había supuesto la muerte de la recién nacida Jennifer cuando sólo 17 días después moría el pequeño Joseph Jr. de tan solo 2 años de edad.

Joseph Jr. había comenzado a tener unos extraños ataques, vómitos y problemas respiratorios y sus padres lo llevaron urgentemente al hospital. Estuvo varios días en observación pero al ver que se recuperaba los médicos dijeron a los padres que podían llevárselo a casa. Unas horas después Marybeth y Joseph volvían al hospital con Joseph Jr. en peor estado.

El niño llegó muerto a los pocos minutos de ingresar en el centro médico.

Las muestras de cariño, de apoyo y atención hacia la madre se incrementaron y todo el mundo se compadeció de Marybeth, que había perdido dos hijos en solo un mes.

Marybeth repitió la ceremonia que había iniciado con la muerte de Jennifer: colocó todas las pertenencias de Joseph Jr. en una caja y la puso junto a la anterior.

Tercera desgracia

Asombrosamente, menos de dos meses después, el 2 de marzo de 1972 la única hija viva del matrimonio, Bárbara de tan solo cuatro años de edad, enferma repentinamente y Marybeth vuelve a visitar al hospital de urgencia.

Los médicos ven los síntomas de asfixia que presentaba la pequeña y reconocen son muy similares a los que había sufrido el pequeño Joseph Jr.

Los doctores piden a Marybeth que deje allí a la pequeña en observación toda la noche por miedo a que le ocurra lo mismo que a su hermano pero Marybeth se niega y la aparentemente recuperada Barbara se va de vuelta a casa.

Igual que en el caso de Joseph Jr. al día siguiente los padres volvieron al hospital con Barbara inconsciente. La niña falleció poco después de su ingreso y los médicos llegaron a la conclusión que Bárbara había sufrido una especie de muerte súbita y aunque éstos empezaron a ver extraños las seguidas muertes de los hijos del matrimonio no se plantearon ninguna otra posibilidad más allá de la mala suerte de la familia.

Nuevamente Marybeth volvió a recibir muestras de afecto y de compasión y el apoyo de todos sus familiares y amigos siendo el centro de atención durante los funerales de la pequeña Bárbara. Nadie se explicaba m laala suerte que se había cebado con aquella familia y con sus tres pequeños hijos. Marybeth volvió a repetir aquel peculiar ritual guardando la caja con las pertenencias de Barbara junto a las otras dos.

Ahora la pareja no tenía hijos y Marybeth rápidamente comenzó a añorar el apoyo el cariño que le había brindado todo el mundo cada vez que había perdido a uno de sus hijos.

Más hijos llegan… y se van.

Nueve meses después Marybeth se queda embarazada, cosa que llenó de felicidad al matrimonio así como a las personas allegadas a ellos y que vieron en la llegada de otro hijo una oportunidad para la pareja de olvidar y compensar en cierta manera las enormes pérdidas que habían sufrido.

Pero esta dicha les duró muy poco, el pequeño bebé Timothy fallece 14 días después de haber nacido. Marybeth cuenta que lo encontró sin vida en la cuna. Los médicos volvieron a dar el mismo diagnóstico de muerte súbita dados los anteriores casos en la familia.

Dos años después de la muerte de Timothy, el 30 de marzo de 1975 Marybeth da a luz a quien sería su quinto hijo, Nathan. Como los anteriores casos, el 2 de septiembre de ese mismo año ingresó al bebé ya fallecido en el hospital.

Marybeth contó que iba conduciendo con Nathan en asiento de atrás cuando miró por el retrovisor y vio al niño que no respiraba. Sorprendentemente los médicos después de estudiar el caso llegaron a la conclusión de que el pequeño también había fallecido por muerte súbita por causas naturales como había sido el caso de sus otros hermanos fallecidos, aunque parecía que obviamente había algo que no cuadraba y se hicieron averiguaciones tanto por parte de algunos médicos como de las autoridades.

No se hallaron pruebas que pudieran culpar a Marybeth o a su marido de provocar los fallecimientos y se barajó la tesis que quizá todas aquellas muertes podrían deberse a unos genes defectuosos que se heredaban de padres a hijos o simplemente una maldición parecía haber caído sobre la familia Tinning, pero todo quedó en sospechas y nadie se molestó en intentar averiguar si eran ciertas o no.

Marybeth iba guardando la caja con las pertenencias de cada hijo muerto una junto a otra y por supuesto con cada fallecimiento seguía recibiendo afecto y atención por parte de familiares y amigos aunque éstos cada vez estaban más perplejos ante tantas desgracias y más llenos de sospechas que no se atrevían a dar a conocer por medio de equivocarse.

Michael, Mary Frances, Jonathan y Tami Lynne.

A comienzos de 1978 se producen dos hechos importantes en la vida de Marybeth y de su esposo.

El matrimonio decide adoptar a un niño y después de realizar todos los trámites para ello llega Michael, un bebé recién nacido procedente de un orfanato.

Y mientras preparaban todo lo necesario para la adopción de Michael, Marybeth se queda nuevamente embarazada. El 29 de octubre da a luz a su sexta hija Mary Frances.

Tres meses después en enero del año siguiente en enero de 1979 de nuevo Marybeth llega al hospital con su pequeña en brazos medio asfixiada. Los médicos por suerte lograron reanimarla y Marybeth volvió con Mary Frances a casa pero pocas semanas más tarde volvió al centro hospitalario esta vez con la niña ya fallecida.

Explicó que había salido a comprar dejando la pequeña sola en casa y al regresar a los pocos minutos le encontró ya muerta.

Increíblemente tampoco nadie sospechó en esta ocasión de y está al poco tiempo volvió a quedarse embarazada. Jonathan, el siguiente hijo del matrimonio nació el 19 de noviembre de 1979 y ya no nos tiene que sorprender el hecho de que en el mes de marzo del año siguiente en 1980 Marybeth fuera al hospital con el pequeño Jonathan inconsciente.

Los médicos lograron reanimarle sin encontrar ninguna explicación y tampoco ninguna anomalía genética, el matrimonio pudo volver con el niño a casa y a estas alturas tampoco nos sorprenderá que a finales de ese mismo mes la madre volviera al hospital llevando en brazos a su hijo Jonathan ya fallecido y todo volvió a repetirse como en los anteriores fallecimientos, incluido el ritual que siempre Marybeth llevaba a cabo.

7 cajas y hay sitio para más.

Eran ya siete y las cajas que ésta guardaba cuidadosamente y en su interior las pocas pertenencias que habían tenido los pequeños durante su corta vida y aunque seguía sin haber verdaderas sospechas y se seguía diciendo que simplemente la mala suerte se había ensañado con aquella familia.

El 2 de Octubre de Marybeth llegó al hospital con su hijo adoptivo Michael diciendo que no era capaz de volverlo en sí después de una caída por las escaleras unos días antes.

Los médicos tristemente sólo pudieron certificar su fallecimiento.

Pasaron cuatro años sin incidentes pero Marybeth volvió a quedar embarazada y el 22 de agosto de 1985 dio a luz a Tammy Lynne, su novena hija.

El 20 de diciembre del mismo año Marybeth salió a comprar con una amiga. Al poco de regresar a casa ésta recibió una llamada telefónica por parte de Marybeth la cual parecía completamente histérica diciéndole que Tami Lynne no se movía.

La amiga corrió a casa de Marybeth y se encontró a la pequeña con visibles síntomas de asfixia, las dos mujeres corrieron al hospital llevando a la criatura en brazos pero tristemente también murió a los pocos minutos de haber ingresado.

¿Tanta mala suerte?

Por fin, aunque bastante tarde, saltaron todas las alarmas: Marybeth fue al fin detenida e interrogada durante diez largas horas tras las cuales acabó confesando.

El 22 de junio de 1987 se celebró el juicio contra Marybeth y confesó:

“maté a mis hijos con una almohada porque no soy una buena madre”

Gente de su entorno declaró en el juicio que la actitud de durante los funerales Marybeth cambió totalmente su humor, pasando de ser una madre devastada por el dolor por la muerte de su hija a no parecer nada afectada, conversado tranquilamente con la gente, sonriendo sin parecer para nada disgustada, casi como si estuviera en una fiesta en la que ella misma era la protagonista.

Síndrome de Münchausen

Los informes psicológicos que se realizaron a Marybeth dieron como resultado algo que los médicos ya venían sospechando: Marybeth Tinning sufría el síndrome de münchausen por poderes, un trastorno que sufren principalmente madres que abusan de sus hijos buscando la atención médica innecesaria.

Por este motivo dicha patología fue la que llegó a Marybeth a asesinar uno tras otro a sus hijos pese a todo y a la confesión de Marybeth, el tribunal sólo lo encontró culpable de la muerte en segundo grado sentenciándola cadena perpétua con mínimo de 20 años de prisión el 19 de julio de 1987.

Se le negó hasta seis veces la libertad condicional siendo la última vez en el año 2017 y se le terminó concediendo la libertad condicional en el mes de agosto del año 2018.

Marybeth tenía 75 años de edad cuando salió de prisión después de 31 años ingresar en ella.

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